Trauma y alcohol: entender la conexión
Respuesta rápida: mucha gente usa el alcohol para manejar los síntomas de un trauma sin procesar: la hipervigilancia, los recuerdos que se cuelan, el aplanamiento emocional. Dejar de beber sin abordar el trauma es difícil. Entender la conexión es el primer paso.
Si estás leyendo esto, hay bastantes posibilidades de que te pasara algo, quizá muchas cosas, que llevas cargando desde hace tiempo. Y bastantes posibilidades de que el alcohol se convirtiera en parte de cómo lo cargabas.
Eso no es un defecto de carácter. Es un mecanismo para sobrellevarlo. Uno dañino y con un coste alto, sí, pero que tenía cierto sentido dado lo que estabas gestionando.
Este artículo está escrito con cuidado, porque este terreno lo merece.
Los números son importantes
La investigación muestra de forma constante que las personas con historia de trauma tienen bastante más probabilidad de desarrollar un trastorno por consumo de alcohol. Entre las personas con trastorno por consumo de alcohol, alrededor del 15 % al 30 % tiene además estrés postraumático, y esas cifras suben al 50 % o 60 % entre militares y veteranos.
Aquí el estrés y el trauma no son factores de riesgo secundarios. Entre los factores ambientales de riesgo del trastorno por consumo de alcohol, el estrés externo es de los más potentes: quien vivió un trauma, sobre todo en la infancia, o una acumulación de factores estresantes importantes a lo largo de la vida, puede ser propenso a patrones de bebida fuerte y a un riesgo mayor, y puede ser propenso a recaer en respuesta al estrés durante la recuperación.
La relación va en las dos direcciones, y los investigadores describen varias vías causales posibles. El estrés postraumático puede facilitar que se desarrolle un trastorno por consumo de alcohol, porque el alcohol se usa a menudo para adormecer los recuerdos de un suceso traumático o para sobrellevar los síntomas postraumáticos. Beber mucho puede aumentar la probabilidad de sufrir sucesos traumáticos como violencia y agresiones. Y el trastorno por consumo de alcohol puede socavar los mecanismos psicológicos para afrontar el trauma, al alterar la activación, el sueño y la cognición. Las dos condiciones comparten además factores de riesgo, incluidos síntomas depresivos previos y experiencias adversas importantes en la infancia.
Para mucha gente, las dos cosas se enredaron tanto que cuesta de verdad ver dónde acaba una y empieza la otra.
Por qué el alcohol y el trauma van juntos
El alcohol calla el sistema nervioso
El trauma deja el sistema nervioso en un estado de activación crónica. La respuesta de estrés, diseñada para la supervivencia a corto plazo, se queda atascada en "encendido". El cuerpo está hipervigilante, alerta ante un peligro que no está presente. Eso agota y resulta incómodo.
El alcohol calla esto de forma fiable. Deprime el sistema nervioso central, reduce la activación fisiológica y da un descanso de la hipervigilancia que produce el trauma. Para alguien sin otras formas de regular su sistema nervioso, ese alivio resulta muy atractivo.
El alcohol embota los recuerdos que se cuelan
Uno de los rasgos del trauma es revivirlo sin querer: recuerdos, pesadillas y escenas retrospectivas que llegan sin invitación y se sienten tan vívidos como el suceso original. El estrés postraumático se caracteriza sobre todo por alteraciones de la activación y por pensamientos intrusivos recurrentes tras un suceso traumático. El alcohol embota las dos cosas. Hace los recuerdos menos accesibles y las pesadillas menos frecuentes, al principio.
No es un tratamiento. Pero hace algo. Y para quien no ha tenido otra opción, se convierte en el recurso por defecto.
El alcohol adormece los sentimientos que produjo el trauma
Vergüenza, pena, rabia, terror: el trauma produce a menudo estados emocionales que desbordan de verdad, sobre todo cuando ocurrió en la infancia o cuando no había una persona segura con quien procesarlo.
El alcohol adormece todo el espectro emocional. Los sentimientos dolorosos se vuelven manejables, aunque solo sea un rato.
Qué pasa cuando dejas de beber
Aquí es donde se pone duro, y conviene ser honestos.
Cuando quitas el alcohol, el sistema nervioso, ya sin la supresión química, tiende a volver a su punto de partida traumatizado. A veces vuelve con más intensidad que antes, porque se ha levantado esa supresión.
Esto significa que la sobriedad temprana en supervivientes de trauma puede traer más hipervigilancia, pesadillas más vívidas, desbordamiento emocional y todo el peso de los sentimientos que el alcohol contenía.
Hay además una complicación clínica que conviene conocer: los síntomas del estrés postraumático y del trastorno por consumo de alcohol se solapan mucho. La hiperactividad autonómica de la abstinencia alcohólica puede parecerse al aumento de activación del estrés postraumático, y por eso una evaluación cuidadosa importa para que se traten bien las dos condiciones. Una de las formas en que los clínicos las distinguen es preguntando si tienes reacciones fisiológicas concretas ante cosas que se parecen al suceso traumático.
Esta es la razón principal por la que la atención con perspectiva de trauma importa en la recuperación. Dejar de beber sin abordar el trauma de fondo deja a la persona igual de dolorida, con el sistema nervioso igual de activado y sin la herramienta que usaba para manejarlo, pero sin herramientas de recambio tampoco.
El riesgo de recaída en esas condiciones es alto. No porque la persona haya fallado, sino porque el dolor era real y no estaba tratado. Las probabilidades de recuperarse de las dos condiciones son mayores cuando se tratan las dos.
Cómo es sanar de verdad
Sanar del trauma y del trastorno por consumo de alcohol es posible. No es rápido ni va en línea recta, pero ocurre. Así suele ser el camino:
Apoyo en la recuperación con perspectiva de trauma
Encontrar a un terapeuta o un programa que entienda la conexión entre trauma y alcohol cambia la naturaleza del trabajo. En vez de tratar la sobriedad como un reto de fuerza de voluntad, la atención con perspectiva de trauma entiende que la bebida era una respuesta a algo, y aborda ese algo. Cuando las dos condiciones son más graves, lo habitual es que corresponda la atención de un especialista en salud mental, en adicciones o en ambas; los cuadros más leves se pueden manejar muchas veces en atención primaria.
Pregúntalo de forma explícita cuando busques ayuda: "¿tienes experiencia trabajando con trauma y alcohol a la vez?"
Primero estabilizar
El trabajo de procesar el trauma, sobre todo con métodos intensivos como el EMDR o la TCC centrada en el trauma, es más eficaz cuando la persona tiene cierta estabilidad. La sobriedad temprana, con su volatilidad neurológica, no suele ser el momento ideal para meterse a procesar el trauma central.
El trabajo de estabilización (aprender a regular el sistema nervioso, crear seguridad, construir herramientas de afrontamiento) suele ir primero. Eso no es evitar. Es prepararse.
Enfoques somáticos
La terapia de palabra por sí sola tiene a veces límites con las respuestas fisiológicas del trauma, y por eso se usan mucho los enfoques que trabajan desde el cuerpo. La base de evidencia de las terapias somáticas es más joven que la de los enfoques basados en la TCC, así que un terapeuta con perspectiva de trauma es la persona adecuada para ayudarte a decidir qué encaja. También conviene saber que las intervenciones basadas en la aceptación y la atención plena, que desarrollan la conciencia y la aceptación de lo que ocurre en el presente, están entre los tratamientos conductuales con evidencia para el trastorno por consumo de alcohol, y se solapan con lo que pide el trabajo de estabilización.
Autocompasión, no vergüenza
Puede que el cambio de mirada más importante para un superviviente de trauma en recuperación sea este: la bebida no fue un fallo de carácter. Fue una respuesta a un dolor que no tenía opciones mejores. Acercarte a tu propia historia con curiosidad y compasión, en vez de con vergüenza, no es disculpar el daño causado. Es crear el clima interno en el que un cambio de verdad se vuelve posible.
La vergüenza empuja de vuelta a la bebida. La autocompasión sostiene la permanencia.
Una nota con cuidado
Si algo de esto te está resonando fuerte, plantéate buscar ayuda profesional. El cruce entre trauma y consumo de alcohol es de verdad complejo, y recorrerlo a solas es mucho más difícil que recorrerlo acompañado. Si antes de esa llamada quieres una lectura estructurada de dónde está ahora la bebida en sí, nuestro test de adicción al alcohol gratuito pasa un cuestionario de cribado estándar en tu navegador, sin cuenta.
La línea nacional de ayuda de SAMHSA (1-800-662-4357) es gratuita y confidencial, está disponible 24 horas al día, 365 días al año, en inglés y español, y puede derivarte a tratamiento cerca de ti. Si la cosa llega a nivel de crisis, la 988 Suicide & Crisis Lifeline atiende 24/7/365 por llamada, mensaje o chat: gratuita, confidencial y cubre tanto temas de alcohol y drogas como de salud mental.
Mereces una atención que aborde todo lo que te está pasando, no solo la bebida.
Preguntas frecuentes
¿Todo el que bebe mucho tiene un trauma?
No. El trauma es bastante más frecuente entre las personas con trastorno por consumo de alcohol que en la población general, pero mucha gente desarrolla problemas con la bebida sin él. Entre el 50 % y el 60 % de la vulnerabilidad al trastorno por consumo de alcohol es hereditaria, y otros factores (trastornos de salud mental, patrones de bebida fuerte, empezar a beber muy joven) contribuyen por su cuenta.
¿Abordo primero el trauma o el alcohol?
Los dos, idealmente: la pregunta es el orden, no cuál saltarse. Las probabilidades de recuperarse son mayores si se tratan tanto el trastorno por consumo de alcohol como la condición concurrente, así que tratar uno y aplazar el otro de forma indefinida no suele funcionar. La mayoría de los clínicos quieren cierta estabilidad antes de un procesamiento intensivo del trauma, porque procesar un trauma mientras se bebe mucho es menos eficaz y puede aumentar la inestabilidad. Un profesional con perspectiva de trauma puede ayudarte a ordenarlo.
¿El alcohol puede causar trauma?
Sí. Beber mucho puede aumentar la probabilidad de sufrir sucesos traumáticos, como violencia y agresiones, y también puede socavar después los mecanismos psicológicos para afrontar un suceso traumático al alterar la activación, el sueño y la cognición. La relación va en las dos direcciones.
¿Qué es la atención con perspectiva de trauma?
Significa que el profesional o el programa entiende el papel del trauma en la historia de la persona, no interpreta las respuestas al trauma como problemas de conducta, crea seguridad como base del tratamiento y atiende a la persona entera y no solo al síntoma.